La avaricia define a Harpagón. Usurero y especulador, sin amigos, nadie quiere a este viejo. Su deseo por Marina, una niña encantadora con quien quiere casarse a pesar de su pobreza, lo hará aún más despreciable y patético delante de su familia. Sobre todo cuando descubre que su pretendida está ya comprometida con su hijo Cleantes. La comedia está servida. Ah, aun no! Un pequeño detalle: aquí el oro no tiene ningún valor porque los personajes, todos, son llaves, tubos y objetos de agua en general, y la riqueza que desea de manera enfermiza Harpagón, el agua... Os deseamos un buen chapuzón!